Lo siento, soy un incrédulo

"Si no lo veo, no lo creo"

Empezar con una profesión de fe debe ser consecuencia de haber mamado en origen el “programa, programa, programa” de Julio y sufrir en carne propia los efectos colaterales de la gestión “psoera” en ayuntamientos, diputaciones y Junta de Andalucía. Por eso aunque pueda llegar a comprender la alegría de muy queridxs compañerxs ante la derrota en las primarias de “perdonavidas Díaz”, no la comparto porque temo que al final el culo que reciba la patada “anti Sistema” sea el nuestro, el de la Ciudadanía que impugna el vigente Orden neoliberal. El mismo que ha arramblado sin compasión con nuestras vidas y nuestros derechos.

Conscientes de que España huele cada día más a rancia naftalina franquista -sin existir absorbe olores capaz de disimular el tufo nostálgico embadurnado de corrupción que sale del sobaco pepero-, los asesores de imagen del vencedor de la pugna interna, Sánchez, han lanzado como si fuese nueva y recién salida de fábrica una propuesta comercial/electoral para resituar al astroso PSOE en el imaginario colectivo de “la Izquierda”.

Pero despreocupándose de probar la veracidad que encierra la proclama de conciencia recuperada. Creen que les basta combinar marketing, argumento con épica de martiriologio (traicionado,  perseguido, apuñalado, renacido) y gestos rituales como puño cerrado y canto de la Internacional. La apuesta estética lograría el “lee mis labios: soy de izquierdas porque yo lo digo” sin necesitar de ir acompañada de un programa que  lo demuestre.

En el fondo estamos ante un remake. La versión actualizada del clásico de los ochenta “la Izquierda útil soy yo”. Ese que logró chantajear sentimentalmente a millones de votos acarreados -pinza en la nariz incluída- al grito de “Hay que frenar a la derecha” para terminar haciendo las mismas políticas económicas y sociales luego perpetradas por el vigorésico Aznar o el frailuno Rajoy. Ese que tanto daño causó a las clases populares que lo apoyaron como mal menor.

La pregunta hoy: ¿Tenemos delante a Largo Caballero redivivo o al mismo dirigente político que ligó su suerte a la “revolución naranja” de Cuñadanos? Para despejar la incógnita afortunadamente no vamos a tener que esperar mucho. El primer brochazo gordo del nuevo capitán “sociata” se verá en la moción de censura del próximo martes y 13 (chistosa que nos ha salido la presidenta del Parlamento según confesó el inquilino de la Moncloa, encantado en el papel de mucamo presto a obedecer cualquier orden, por disparatada que sea, asignada por la OTAN y Trump) y el trazo marcará el camino elegido. Mucho me temo que no será otro que desmarcarse de cualquier alternativa política en la que Unidos Podemos tenga peso específico.

Los nuevos/viejos prebostes del Partido del Régimen creen estar ante una oportunidad de oro y no la va a desaprovechar. Y ésta pasa por taponar primero la fuga de votos a su izquierda para después intentar recuperar una parte. En la segunda fase necesitan convencer a los escépticos de su vuelta al redil de la izquierda, cultivando estética y propuestas “zapateriles”, esas que en el argot político hispano tiene definición propia: “dícese de las acciones de gobierno que no cuestan nada ni cuestionan los fundamentos del Sistema pero que convenientemente fumigadas por el aparato de agitación y propaganda son vendidas como progresistas”. Luego la regla de oro: Para “lo gordo” seguir siempre la estela marcada por el Felipismo, la coartada que antepone “el interés de España” al del Partido. Eso es generosidad.

¿Y nosotrxs? A lo nuestro, agrupar para crecer. La única forma de hacerlo es mezclando presencia institucional y movilización continuada como en las pasadas jornadas del 15, 20 y 27M. Porque si fiamos nuestro sueño de transformación social a contar con la “benevolencia” del Sistema, apañados vamos. Basta con mirar el tratamiento de delincuente máximo dado a Grecia por la UE. No dejan de apretar el dogal aunque  ahora Tsipras sea sinónimo de sumisión.

Además  nos ayudaría algo si de propina dejamos de recibir el fuego amigo de los “Kichis” de turno. Las medallitas a efigies de vírgenes hacen reír socarronamente a quienes nunca apoyarán propuestas de cambio porque les gusta retratarnos con los pantalones bajados de nuestras contradicciones, mientras enfadan a quienes sostenemos una visión alternativa porque quitan argumentos a la defensa del Laicismo como eje de vertebración social.

Ahora sería un buen momento para propiciar un debate en el que Sánchez contrastase sus ideas económicas, sociales, de transformación… con las de otros dirigentes tipo Iglesias o Garzón. Más que nada para tener elementos comparativos y comprobar que no estamos ante una operación cosmética en la que la Oligarquía utiliza al que hasta ayer era la pata izquierda del bipartito en el papel de poli bueno.

Ojalá me equivoque pero esa tesis me resulta más creíble que la del hijo pródigo. Se admiten apuestas.

Juan Rivera Reyes, Coordinador de la Mesa Estatal del FCSM.

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