Vidas

"Ayuda refugiadas"

Última entrega de la magnífica serie de textos sobre el viaje que las compañeras Beatriz Izuel y Silvia Guajardo realizaron la semana pasada a Grecia para participar como voluntarias en la ayuda a las personas refugiadas.

Houda tiene seis años, viene de Siria, y su pelota es su mayor tesoro. Nos habla en árabe, pero por su expresividad se hace entender. Pelota en mano viene a buscarnos a las duchas de las mujeres, donde nos toca trabajar ese día, y frunciendo el ceño nos pide que salgamos para jugar con ella. No podemos estar dando patadas al balón tanto rato como a ella le gustaría porque hay mucho trabajo. De vez en cuando entra a los lavabos para limpiar su pelota y después la deja secar al sol. Tenemos que estar muy pendientes de ella porque cada vez que nos descuidamos coge un cepillo de dientes o una toalla (un material que escasea) para volver a sacar brillo a su pelota.

Jimmy tiene una sonrisa clavada en la cara. “Hello my best friends” dice cada vez que se encuentra con nosotras. Nos hace compañía durante los turnos de trabajo. Lleva una mochila en la espalda con un cuaderno en el que apunta nuevas palabras en diferentes idiomas. Cuando le dijimos que nos marchábamos del puerto porque teníamos que coger un avión para volver a España, sin borrar la sonrisa de su cara, nos dijo que él iba a ir Alemania. Ojalá que así sea Jimmy. Tiene 10 años y viene de Afganistán.

Nousrah también viene de Siria, sólo tiene 16 años y trabaja en el campamento como traductora. No es una tarea nada fácil, no sólo por el idioma que ella domina perfectamente, sino por momentos de agobio, hay que organizarse con mucha gente, y además tiene que decir muchas veces que no a gente que le triplica la edad. A Nousrah le encantaría seguir con sus estudios, y visitar España.

Norah viene de Irak, tiene 14 años, junto con su hermano pequeño nos ha enseñado un montón de palabras en kurdo. En un taller de plastilina moldeó orgullosa la bandera del Kurdistán ese estado históricamente reclamado por su pueblo, dividido ahora entre Irak, Iran, Turquía y Siria.

Abdullah es afgano de etnia hazara. Habla perfectamente inglés, algo de español y japonés. Ha aprendido, sobre todo, estudiando por su cuenta en internet. Quiere estudiar ingeniería. Tiene 19 años y está aquí solo. Es perfectamente consciente de la situación y de los riesgos, tiene muchas dudas, bajo ningún concepto quiere acabar en Turquía. Pregunta que qué se va a hacer con las personas afganas. Y lo peor de todo es que no tenemos una respuesta.

Amin es ha vivido en Palestina y Afganistan, y durante unos pocos meses en Alemania donde estuvo trabajando. Volvió a Afganistan para casarse y allí perdió a su mujer y a sus dos hijos. No le queda nadie más  que un amigo con el que ha llegado hasta aquí. A pesar de todo bromea a menudo y tiene un gran sentido del humor. Tiene que seguir adelante. Por los tres. Su mujer y sus hijos le acompañan siempre, en una foto que lleva en su bolsillo.

Hariq, se presenta y dice con orgullo que su nombre significa fuego. Madre de dos hijos y profesora de ciencias en la Universidad de Irán, habla con una gran entereza. Bajo un toldo que cubre del sol da clases de inglés y naturales a los niños y niñas del campamento.

Muhmad es pediatra sirio, un pozo de sabiduría, nos ha explicado que el Islam permite el aborto y la fecundación in vitro, porque lo importante es preservar la vida. Con él se puede hablar durante horas. Está aquí junto con su hijo de 15 años y ha venido pensando en su futuro. Pero a veces piensa que vivir entre las bombas es mejor que esta incertidumbre.

Miles de vidas como estas han cruzado el Egeo con la esperanza de empezar de nuevo. Muchas se han quedado por el camino, otras, como éstas esperan en un limbo de tiendas de campaña y barro mientras observan que las deportaciones a Turquía comienzan. Los jefes de Estado europeos firmaron un acuerdo que supone la página más negra de la historia de Europa. Quienes llegan ahora ingresan en una cárcel en la que se decide su destino en función de su nacionalidad. Quienes llegaron antes de ello han sido ubicados en campos militares y esperan, no sabemos si un mes, o años.

La ciudadanía europea no puede ser cómplice de esta barbarie, es momento de exigir a todas las instituciones el rechazo frontal de este acuerdo además de un cambio de políticas. Políticas que respeten la soberanía de los pueblos para decidir su futuro sin injerencias y libres de violencia, políticas sin servidumbres a la industria militar, políticas que permitan que todas las vidas tengan el mismo valor, y el mismo derecho a ser vividas”.

Beatriz Izuel y Silvia Guajardo.

"Éxodo sirio"

"Ayuda refugiadas"

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Una respuesta a “Vidas

  1. Qué lección de coraje la de esta gente!! Vamos pensando que lo sabemos todo y nos volvemos insignificantes ante tanto dolor y entereza. Gracias chicas por ser los ojos que necesitamos. Seguro que os volvéis con el corazón en un puño, pero es necesario, tenemos mucho que aprender.

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